Las consecuencias de la crisis económica del 2020 a medio y largo plazo pueden ser buenas o malas dependiendo de las instituciones políticas y económicas que se generen en este preciso instante.

El punto de no retorno

2020 será un año recordado por las generaciones venideras. Quienes estamos viviendo este año no somos conscientes de la relevancia que tiene, y no lo seremos hasta dentro de décadas. En la entrada de hoy vamos a exponer y analizar los puntos clave por los que la historia de gran parte del mundo va a pasar a decidirse en base a la forma en la que actuemos como sociedad – y como individuos – durante los siguientes meses.

Hemos llegado a la singularidad.

Que 2020 iba a ser un año clave ya se venía observando desde el 2019, e incluso desde el 2018. A nivel económico existían algunos indicadores que hacían saltar las alarmas desde hace ya bastante tiempo. Hoy haremos un recorrido por el antes, el durante y el después de la crisis del COVID.

La curva (no, esa no, la otra)

El Estado puede emitir bonos de deuda pública para financiarse. Por ejemplo, emite una letra de 6 meses con un tipo de interés del 0.5%, así, si compras letras por un valor de 10.000€, recibirás el 100.5% del valor nominal de la letra. Es decir, 10.050€. Ahora bien, el tipo de interés de cada bono depende – para lo que nos atañe – de dos factores:

  • Calidad crediticia: ¿Por qué Alemania tiene un tipo de interés del –0.57% y Argentina uno del 36.18%?, si es posible para el inversor escoger en qué activos vale la pena perder su liquidez y el coste de oportunidad que ello acarrea, ¿por qué iba a elegir perder un 0.57% de su capital en un año en vez de ganar un 36.18% en el mismo periodo?

En el 2001 Argentina entró en default de deuda por un valor de 81,8 billones de $ de deuda pública. Inversores particulares e institucionales de todo el mundo – entre ellos en torno al 25% argentinos – vieron cómo el Estado no iba a pagar los intereses ni devolver el dinero prestado. No sería hasta 9 años después cuando se consiguió que el 93% de inversores aceptara la renegociación de sus bonos. Renegociación que terminó por refinanciar los bonos no pagados con nuevos bonos, haciendo una distinción entre inversores particulares (menos de 50.000$) e institucionales (más de 50.000$). Los particulares recibieron nuevos bonos por el mismo valor que los que habían sido impagados. Los institucionales recibieron nuevos bonos con descuento del 66,3% del valor en el mercado primario y un tipo de interés anual del 8.28%. Una oferta mucho más atractiva para atraer el capital extranjero que había abandonado el país durante la última década. Años de litigios, pérdida de liquidez e incertidumbre. Años en los que las agencias de rating calificaron los bonos argentinos como una inversión arriesgada. La confianza del país había quedado severamente malherida. (SEC, 2010)

En el 2020 la historia se vuelve a repetir, Martín Guzmán, el ministro de economía, decía el 16 de abril: “Hay un consenso en que hoy Argentina no puede pagar nada”, y proponía una quita de deuda del 62% de los intereses de la deuda, así como un periodo de gracia de 3 años. Eso era en abril, las negociaciones todavía siguen a día de hoy con 2 años de periodo de gracia y tratando de alcanzar un punto de mutuo acuerdo con los inversores.

Argentina se desangra hoy por las heridas abiertas hace años, y mientras se desangra patalea y gimotea para que le presten dinero barato como el que obtienen Chile o Paraguay, países que sí llevan los deberes hechos. Argentina yace en el suelo víctima de una sobredosis de endeudamiento a tasas de interés de infarto esperando a que alguien le proporcione otra dosis del mismo veneno que la sumió en ese estado.

Alemania, por su parte, tuvo la última quita de deuda pública hace casi 70 años, en 1953, y esta obedecía al endeudamiento ocasionado en el periodo de entreguerras y durante la segunda guerra mundial. Cabe recordar que en 1919 fue obligada mediante el tratado de Versalles a abonar el equivalente a la exorbitante cifra de 642.000 millones de $ a fecha del 2020, además de la entrega anual de 44 millones de toneladas de carbón, 371.000 cabezas de ganado, la mitad de la producción química y farmacéutica y la totalidad de cables submarinos durante cinco años, así como la entrega de todos los barcos mercantes de más de 1.400 toneladas y la cesión anual de 200.000 toneladas de nuevos barcos.

En el 53, en el acuerdo de Londres sobre la deuda alemana, ya se criticaron duramente las condiciones impuestas por el resto de potencias en el 19 en Versalles, que lejos de buscar una reparación por daños de guerra, aspiraban a financiar sus respectivos países extrayendo recursos de Alemania de forma masiva. Los franceses y los belgas llegaron a ocupar el Ruhr, un enclave geográfico rico en carbón y actividad industrial, con el fin expreso de expropiar de forma directa la producción. El gobierno alemán inició una política de resistencia pasiva exhortando a los trabajadores a permanecer en casa mientras recibían su sueldo en forma de subvenciones. La hiperinflación estaba servida, y así acabó ocurriendo entre 1922 y 1923. (Guinnane, 2004)

Acuerdo de Londres de 1953 sobre la deuda alemana.

Aún con todo, en el acuerdo las potencias acreedoras acabaron condonando el 62.6% de la deuda, quedando todavía un 37.4% de la deuda por devolver. Alemania, gracias a esta quita, inició el proceso de crecimiento industrial acelerado por el plan Marshall – esta vez Estados Unidos no quería que se volviera a dar el caldo de cultivo de Versalles – y las reformas liberales de Ludwig Erhard que acabaría situándola solo décadas más tarde a la cabeza de Europa. Sin las reformas monetarias de Erhard, especialmente la del Deutsche Mark implantado el 20 de junio de 1948, Stalin no hubiera bloqueado el 25 de junio a la Alemania occidental de aquél entonces, y hubiera proseguido con sus planes de sovietización de la nueva potencia. ¿Os imagináis hoy en día cómo sería Europa sin la Alemania que conocemos?

Y el resto, como suele decirse, es historia. Alemania pagó religiosamente su deuda hasta 1983, quedando únicamente pendiente un pequeño interés de 125 millones de €, al que no se hacía frente no por su cuantía, sino porque su pago correspondía a la Alemania del Este. Se pensaba que dado que la reunificación era algo altamente improbable – en el contexto de la guerra fría – estos quedarían impagados. No obstante, la caída del muro de Berlín supuso la reapertura de plazo de pago de los intereses restantes, que comenzaron el 3 de octubre de 1990 y terminaron ese mismo día en 2010. Más de 90 años en los que se saldaron las deudas contraídas a principios de siglo, 90 años que demostraron la altura de los germanos. 90 años que nos ayudan a entender el tipo de interés negativo del 0.57% hoy día.

Esto es a lo que se hace referencia con calidad crediticia, ni más ni menos.

  • Plazo temporal: El otro factor del que dependen los rendimientos de un bono es propio de su naturaleza. Cuanto mayor sea el horizonte temporal, tanto mayor se vuelve la incertidumbre que asume el acreedor. Un bono emitido a 1.000 años (si es que existiera) sería más una apuesta que una inversión. ¿Seguirá existiendo el país dentro de 1.000 años?, ¿seguirá siendo una potencia solvente a nivel económico?, ¿seguirán existiendo los Estados?, ¿seguirán los beneficiaros del bono interesados en su cobro…? Sucede lo mismo a 30 años. A mayor plazo temporal, más intereses rinde el bono, por la incertidumbre que asume el acreedor, es ley inamovible. ¿O no…?

En condiciones normales el mercado operaría de esta forma. Pero, ¿y si los inversores sienten que hay una crisis próxima? Entonces dejarían de invertir en horizontes temporales de 3, 6 o 12 meses e irían a otros de 10 o 30 años, porque pese a que los segundos sean a más largo plazo, la incertidumbre en el corto plazo sería todavía mayor que en el largo debido a las previsiones de crisis económica. Así, una curva plana indica que existe la misma incertidumbre a 3 meses que a 30 años, algo totalmente anómalo en una economía sana. Una invertida, es signo de que existe ya mayor confianza a 30 años que a 3 meses, y como se intuye, esto es un símbolo temprano de crisis económica.

Durante el 2006 y parte del 2007 pudimos ver un aplanamiento de la curva y una posterior inversión (en bonos del tesoro estadounidense), que vinieron a marcar la crisis financiera del 2008.

Durante el 2019, la historia se repitió y la curva quedó invertida durante unos cuantos meses.

En rojo oscuro la curva del 2007 de la imagen superior, contra la que se puede contrastar la del 2019.

Por tanto, ya de forma previa a la crisis del COVID la curva de tipos mostró señales de debilidad, y los ratings crediticios podrían de forma temprana empezar a mostrar la debilidad de las potencias mundiales tras el vendaval del COVID. Algunos países ya están empezando a financiar gastos corrientes a través de emisión de deuda pública, a menudo con déficits recaudatorios importantes, como es el caso de España, en la que el FMI prevee un aumento hasta el 9.5% del PIB en este 2020, situándonos relativamente cerca del 11% del 2009 en niveles post crisis financiera.

¿El indicador mágico?

El LEI (Leading Economic Index) es un indicador agregado que elabora la Conference Board en base a factores que se adelantan a las crisis económicas. Por ejemplo: media de horas semanales trabajadas, solicitudes de afiliación al paro, nuevos pedidos de industria manufacturera, permisos de construcción o cotización en bolsa de los 500 stocks más comunes.

El LEI es capaz de adelantarse a las crisis económicas, al menos en algunos meses. Así lo hizo en el 2000 y en el 2008. Desde el 2019 ya se observaba un estancamiento en el gráfico, y en el 2020 el crecimiento del LEI a 6 meses se ha desplomado a valores propios de la crisis del 2008.

LEI expresado en términos relativos en función de cambio porcentual.

Por tanto, ya en el 2019 habían algunas nubes grises en la lejanía, y parece que ahora esas nubes han resultado ser el preámbulo de la tormenta perfecta.

Añadido a estos dos indicadores cabría resaltar la guerra comercial que se estuvo gestando entre China y EEUU a lo largo de todo el 2019, y que amenazaba con transmitirse a las economías europeas en forma de reducción del comercio de materias primas y bienes intermedios encarecidos.

Así que después de todo este panorama, ¿qué cabía esperar?

El último en sentarse a la mesa

Lo comentado antes nos hacía ya plantearnos algunas dudas sobre la economía mundial en el 2020, pero el golpe de gracia estaba aún por llegar, e hizo acto de presencia desde Febrero en España. El COVID19 es la gota que colma el vaso.

El coronavirus comenzó constituyendo un shock de oferta – debido a confinamientos parciales o totales – que paralizó las estructuras productivas de los países más afectados. El primero en sucumbir fue China. Un shock de oferta que restringe la productividad a nivel mundial afecta en primer lugar a los empresarios, que en vista de disminuir o cancelar su producción reducen su plantilla o incluso cancelan su actividad laboral. La oferta se lleva un súbito hachazo.

En este punto los consumidores que a su vez dependían de los salarios generados por su actividad laboral de forma directa – si eran empresarios – o indirecta – si eran empleados – modifican su comportamiento de gasto y da inicio el shock de demanda. Se consume menos, y por lo tanto incluso aunque en este punto la oferta deje de estar constreñida, no tiene sentido retomar la producción anterior, que ya no tiene cabida en el nuevo mercado. La idea de crisis económica se instala en el imaginario popular.

Es a partir de este momento cuando todas las deudas contraídas con los acreedores de las empresas y de las familias empiezan a verse afectadas. Exceptuando moratorias de pagos y condonaciones, este es el eslabón de la cadena en el que la crisis se transmite al sistema financiero. Si el sistema financiero se descapitaliza y exhibe incapacidad para hacer frente a nuevos acreedores que hagan resurgir la economía, entramos en el cuarto y último eslabón de la cadena.

El Estado. En este punto la intervención estatal trata de amortiguar el shock de demanda y de impulsar al sistema financiero ya renqueante. El caso de España es claro: ERTEs, rescate bancario en diferido y muchas otras medidas encaminadas a remediar estos dos puntos. Mediante todas estas políticas se incurre en un agujero presupuestario que debe ser cubierto de alguna forma. Subir los impuestos ipso facto no es una opción; los impuestos al consumo agravarían aún más el shock de demanda, y los impuestos al trabajo el shock de oferta. En su lugar, se suben los impuestos en el futuro a través de la emisión de deuda pública. El Estado se endeuda hoy para pagar mañana, y lo hace perdiendo dinero en el presente, con déficit público estructural. Dependiendo de la solvencia que tenga, existe mayor o menor riesgo de default, como en el caso de Argentina.

Un juego de azar

La extensión que adoptarán los 4 puntos anteriores están condicionada por completo por las contingencias que se vayan presentando a lo largo de este año. Y de ello depende, como antes comentábamos, el futuro inmediato y mediato de España y de todas las personas que vivimos en ella.

Repasar un antecedente histórico nos ayudará a comprender la urgencia de la situación:

Peste negra y Europa del Este

En el 1347 Europa experimentó la pandemia más letal de la que se tiene registro. La peste negra acabó entre el 1347 y el 1351 con decenas de millones de personas. Las cifras son confusas, pero es posible que la mitad de la población europea desapareciera de la faz de la Tierra durante los cuatro años álgidos. Atendiendo a los registros de cobro de impuestos en Florencia, en cuatro meses fallecieron el 80% de los habitantes.

En el siglo XIV Europa era eminentemente feudal exceptuando algunas ciudades estado italianas, una organización social que emergió tras el colapso del imperio romano y que se basaba en una relación jerárquica entre el monarca y los señores feudales situados bajo el rey. La corona poseía la tierra y la cedía a los señores a cambio de sus servicios militares, los señores administraban la tierra para que fuera explotada por los siervos y estos finalmente acababan usufructuándola, quedando ligados a ella. Era lo que Acemoglu y Robinson califican como institución extractiva, y mucho.

El shock de oferta en esta ocasión fue de dimensiones colosales. En cuestión de un lustro, e incluso de meses en algunas ciudades, los siervos se habían reducido a la mitad. El sistema se había vuelto insostenible, y por primera vez la carestía masiva de mano de obra para los señores feudales concedía a los campesinos cierto poder de negociación. Los señores feudales incluso llegaron a tratar de atraer a los siervos bajo el yugo de otro, y en consecuencia el Estado inglés proclamó el Estatuto de los Trabajadores de 1351, que se encarnecía con todos aquellos que abandonaran su feudo sin permiso del señor.

El intento fue en vano, y pronto en 1381 se dio la Rebelión de Wat Tyler, en la que los campesinos e incluso algunos miembros de clases nobles se amotinaron para demandar mejores condiciones de vida en el agro. La Rebelión fue un fracaso por la muerte temprana de Tyler, pero hoy día se marca la fecha como la efeméride del fin del feudalismo en Inglaterra. La Rebelión sirvió para que se visibilizara que la gleba – que ahora se había tornado indispensable – podía movilizarse, y que en efecto las condiciones debían mejorar. La muerte de Tyler contribuyó a que el Estatuto del 1351 apenas fuera aplicado, y a que floreciera un nuevo orden inclusivo en el que los salarios subieron de forma estrepitosa y se abrió un nuevo mercado laboral.

Pintura de Ricardo II con los rebeldes a las afueras de Londres en 1381.

En Europa del Este la peste negra tuvo las mismas consecuencias a nivel demográfico, y sin embargo la historia nos deja un panorama que dista mucho de lo que surgió en Inglaterra a finales de siglo XIV. En la Europa del Este los señores feudales estaban algo más organizados, las ciudades eran más pequeñas y nunca tuvieron su propio Wat Tyler. Son pequeñas diferencias, pero estas diferencias hicieron que tras el shock de oferta el poder de negociación de los campesinos no fuera suficiente como para demandar mejores condiciones de vida. Y no habiendo ninguna organización del agro, sin nadie que clamara por sus derechos, los señores se vieron motivados a recrudecer todavía más las condiciones de explotación impuestas a los siervos para que produjeran mayor cantidad de grano que exportar a sus nuevos vecinos libres.

Mientras Europa occidental se liberaba y crecía a nivel económico y demográfico, Europa oriental se veía abocada a vivir lo que más tarde pasaría a denominarse como “segunda servidumbre”. La segunda servidumbre fue el periodo comprendido entre mediados del siglo XV y mediados del siglo XIX. 400 años de explotación. 400 años de explotación marcados por la producción y exportación de grano a la Europa que sí había tenido al azar de su parte.

Szlachta, la clase noble de Polonia y Lituania que pudo afianzar sus intereses durante 4 siglos más.

Pequeñas diferencias que marcaron el rumbo de los siguientes 4 siglos, y que en retrospectiva nos deberían hacer ver que vivimos constantemente pendiendo de un fino hilo.

Si el hilo se rompe, podemos vivir bajo instituciones extractivas durante mucho más tiempo del que nos gustaría, que es ninguno.

¿Extractivo?, ¿inclusivo?

¿A qué hace referencia una institución inclusiva? Las instituciones económicas inclusivas son aquellas que prevalecen en países desarrollados y favorecen la participación de la gran masa de gente en las actividades que mejor explotan sus talentos y habilidades. Para que esto sea posible debe asegurarse la propiedad privada – de la vida y de los bienes – mediante un Estado de Derecho donde nada ni nadie se ubique sobre la ley.

Las instituciones económicas inclusivas fomentan el desarrollo económico y el aumento de la productividad. Solo cuando dejas a la persona apropiarse del fruto de su trabajo se puede llegar a una sociedad próspera a largo plazo.

Una institución extractiva es el reflejo especular de una inclusiva. Una economía extractiva está diseñada para redistribuir la riqueza, para llevarla de una parte de la sociedad a otra.

El progreso tecnológico que caracteriza a las sociedades desarrolladas es característico de instituciones inclusivas. Solo cuando se garantiza la propiedad privada puede el empresario capitalizarse o financiarse para adquirir bienes de capital. Los 3 factores de producción primarios son el trabajo, la tierra y los bienes de capital. Si hoy en día el granjero indio produce 20 veces menos que el alemán no es por una falta de los primeros dos factores, si no del último. El granjero indio puede tener los mismos o casi los mismos conocimientos y la misma o más tierra de cultivo, pero nunca ha visto un tractor, una segadora o un sistema de regadío controlado por ordenador. Los bienes de capital o medios de producción solo se consiguen cuando vale la pena invertir en ellos, y solo se invierte si se tiene la certeza de que no van a ser expropiados, robados o destruidos.

Y de la misma forma que se da esta distinción en lo económico, se da en lo político. Para que exista una economía inclusiva, debe verse acompañada de una praxis política igualmente inclusiva. Hay excepciones en las que existen instituciones económicas inclusivas dentro de un régimen extractivo, como es el caso de China desde las reformas económicas de Den Xiaoping después de la debacle del Gran Salto Adelante. Sin embargo el crecimiento económico bajo el yugo de la política extractiva tiene limitaciones serias, como en el caso de la carrera espacial entre USA y la URSS. Para que haya libertad económica y prosperidad, antes debe haber libertad política. Lo político precede a lo económico.

El estado de cosas en España

Nuestras instituciones políticas son extractivas. El sistema supuestamente democrático en el que vivimos los españoles es en realidad una partitocracia de facto en la que las decisiones que atañen a toda la población se toman en las cúpulas de los partidos de forma privada. La separación de poderes brilla por su ausencia, el valor del voto depende de dónde resida el votante, y la disciplina de voto en el Congreso de los Diputados convierte a los parlamentarios en meras cifras al servicio del partido.

Este compendio de factores es el que ha llevado de forma sistemática a España a ser un país corrupto con relaciones clientelares entroncadas en el seno de su sistema político. Y es el que ha llevado a España a ser un país con una economía extractiva.

La funadción Heritage elabora todos los años un índice de libertad económica que valora 12 indicadores cualitativos y cuantitativos ligados a la inclusividad o extractividad del país. Entre ellos encontramos los derechos de propiedad privada, la efectividad judicial, el gasto público o la salud fiscal. La media de todos estos indicadores se expresa de 0 a 100.

¿Quieres saber dónde se sitúa España?

Entre 80 y 100 están los países libres: Singapur, Hong Kong, Nueva Zelanda, Australia, Suiza o Irlanda.

Por debajo de 80 están los cuasi libres, entre los que encontramos países todavía en vías de desarrollo que están haciendo las cosas bien, como Georgia, Chile, Lituania, República Checa, Letonia, Ruanda, Armenia, Bulgaria o Chipre.

Si descendemos por debajo de los 70 puntos encontramos los moderadamente libres. Aquí se encuentra España. Analicemos algunos de los integrantes:

Puesto 38, Rumanía.
Puesto 39, Kazajistán.
Puesto 40, Botswana.
Puesto 45, Colombia.
Puesto 51, Perú.
Y en el puesto 58… España

España es un país marcadamente extractivo, en el que las élites y las plebes extractivas mantienen el expolio constante de la clase productiva constituida por empresarios y trabajadores del sector privado e independientes del Estado.

La peste COVID

Instituciones políticas y económicas altamente extractivas, una pandemia contenida de forma muy deficiente en España y un futuro incierto por delante.

¿Estamos viviendo de nuevo el año de 1347?, ¿sucederá en España como en Europa del Este?

La pregunta queda abierta. ¿Qué piensas sobre el rumbo de España?, ¿seremos capaces de generar instituciones políticas y económicas inclusivas y veremos la crisis del COVID19 como ahora vemos la peste negra del siglo XIV?, ¿servirá como pretexto para implantar instituciones extractivas y afianzar el poder?

Comparte la entrada con el mayor número de personas posible. Estamos en un periodo crítico, en un punto de inflexión para España, y debemos tomar consciencia de ello.

Bibliografía

Seccurities and Exchange Commision, Ammendment #5 to Argentina 18-K, 19 de Abril del 2010.

Guinnane, T. (2004). Financial Vergangenheitsbewältigung. New Haven, Conn.