El modelo educativo tradicional heredado del siglo XVIII no funciona y debe ser sustituido por uno en el que el alumno constituya la piedra angular. El método socrático nos da las guías para implementar el flip teaching en la actualidad.

La educación en la sociedad del futuro

Cómo será la educación en unos años es sin duda un tema que suscita cada vez mayor interés, al menos en cierta parte de la sociedad. Curiosamente es sencillo establecer paralelismos claros entre las propuestas actuales y el método que Sócrates venía empleando ya en el siglo V a. C.

En la entrada de hoy te cuento qué se puede exportar del método socrático a la educación actual, no sin antes repasar la figura de Sócrates y el contexto social e histórico de la Atenas en la que vivió. Cuando termines de escuchar el podcast tendrás una imagen clara de cómo será la educación del futuro – y cómo debería ser ya en el presente – y qué puedes hacer tú para agilizar su transformación.

Contexto histórico

Zaratustra, mazdeísmo y filosofía primigenia

La filosofía antes de Tales de Mileto (s. VII a. C.) consistía en un conjunto vago de enseñanzas de carácter religioso y con un cariz ético que todavía estaba en un estado nonato. En el creciente fértil surgían así textos como el Tanaj judío o el Antiguo Testamento cristiano. Filosofía y religión iban de la mano, y en esta etapa histórica la teología era la rama más desarrollada de la misma.

Zaratustra fue el primer gran ejemplo de esta dualidad al ofrecer en el Avesta consejos prácticos encaminados a vivir una vida con rectitud. Según la religión que fundó el ser humano se vuelve el sujeto central en la batalla entre el bien y el mal. El castigo y la recompensa dependen de forma íntegra de la conducta que la persona manifieste en vida. Así pues los consejos que quedan reflejados en las Gathas – los cánticos religiosos atribuidos a Zaratustra – ponen de relieve la buena conducta como elemento clave en la vida de la persona y exhortan a la audiencia a vivir una vida con honradez.

Rayy en la actualidad, ciudad en Irán donde probablemente existió Zaratustra.

Los presocráticos y el nacimiento de la filosofía en Jonia

Hacia el siglo VI a. C. comienza ya a aparecer el filósofo-estadista. El hombre de estado que se encarga de solucionar problemas concretos que afligen al oligarca en el poder. El retrato más fidedigno de esta situación es Tales de Mileto, un filósofo del que cabe destacar sus consejos al rey Creso en lo que respecta a lo administrativo, así como la primera previsión de un eclipse de sol en la historia y algunas otras grandes aportaciones como el – posible – desvío del río Halys para que las tropas de Creso pudieran enfrentar a las de Ciro II el grande.

El anfiteatro de Mileto en la costa turca. La cuna de la filosofía.

Algunos siglos después esta figura quedaría encarnada de nuevo en Séneca, quizá con peor suerte al mediar con megalómanos de la talla de Calígula y Nerón.

Anaxágoras, Arquelao y filosofía de importación

El primero de muchos sabios procedentes de la región de la Jonia en asentarse en Atenas fue Anaxágoras, que como otros filósofos que vendrían más tarde, centró su obra en la filosofía natural (physis), en todo aquello que concerniera a la causa y la composición de todos los elementos de la naturaleza. Este sería el principio de lo que hoy conocemos como física.

Algunas fuentes indican que Anaxágoras pudo ejercer de maestro de Sócrates, y en el Fedón de Platón se hace mención a través de los diálogos de la lectura de un libro de Anaxágoras por Arquelao, un alumno de este. Puede que por tanto Sócrates recibiera influencia de los filósofos naturales a través de Arquelao, o incluso de forma directa desde el propio Anaxágoras. La infuencia que tuvieron sendos filósofos en la formación de Sócrates está todavía por esclarecer.

Los sofistas y el nuevo mercado de la persuasión

Con el auge de los nuevos ricos en Atenas tras la victoria final en la tercera guerra médica contra los persas y la expansión naval griega se creó un interesante mercado para los filósofos. Los préstamos entre particulares se volvieron algo habitual, así como el impago de los mismos; esto condujo a un aumento drástico en los litigios públicos entre vecinos, y fue aquí donde los sofistas vieron su oportunidad.

El objeto de estudio se desplaza desde cuestiones cosmológicas – quiénes somos, de dónde venimos, de qué estamos hechos, etc – a otras más pragmáticas y mundanas. El uso correcto de la palabra era la pieza central de la filosofía sofística, y por primera vez en la historia estas enseñanzas no se distribuyeron en forma de aportación altruista a la comunidad, si no bajo retribución y de forma directa a los individuos que así lo demandaran. El filósofo sofista pasaba así a servir a intereses particulares.

Recreación del Ágora ateniense en el siglo de Pericles.

La erística como herramienta y no como fin en sí misma

La formalización práctica de esta propuesta cobró su forma en el arte procedimental de mediar disputas (Erística. De Eris, “conflicto” o “debate” y Techne “arte” o “procedimiento”). Arte por tratarse de una táctica que se apoyaba fuertemente en poseer amplios conocimientos sobre mitología y literatura, y procedimental porque por primera vez se empleaban de forma sistémica una serie de pasos estandarizados para desacreditar al adversario en el debate.

Para los sofistas – avezados viajeros que habían recorrido gran parte del viejo continente y oriente medio – la verdad, tal y como la plantea más tarde Platón, carece de un sentido absoluto e invariable. Si aplican la erística a su favor es precisamente porque entienden que cada hombre tiene su propia verdad. Serían los precursores del escepticismo y el relativismo que surgiría algo más tarde en el siglo I a. C. con Pirrón de Elis, de quién se dice que llegó a extraerse sus propias cuerdas vocales por pensar que todos adolecemos de la capacidad de emitir juicios.

Más de 2000 años pasarían hasta que Schopenhauer recogiera las estrategemas que impartían Protágoras y los demás sofistas en su Eristische Dialektik: Die Kunst, Recht zu behalten (Dialéctica erística o el arte de tener razón) donde plasma 38 artefactos retóricos empleados para aumentar las probabilidades de triunfar en una discusión.

El siglo de Pericles, la Atenas de oro

La aparición de la nueva clase social a partir del primer tercio del siglo V a. C. y el conflicto entre facciones hizo de este el siglo más remarcable de la antiguedad griega: Grecia vs Persia, Delos vs Peloponeso, democracia vs oligarquía, Sócrates vs sofistas…

En este contexto fue donde surgió el nuevo rico – el emporoi (ἕμποροι) -, que brotó rápidamente a lo largo y ancho de toda el Ática. Con nuevas rutas de comercio abriéndose cada día con la Cirenaica, Egipto y Sicilia y una delgada línea entre la importación y la explotación colonial, Atenas se convirtió en el caldo de cultivo perfecto de la nueva burguesía en boga, que ahora buscaba entre los centenares de oportunidades de inversión que comenzaban a aparecer.

Recreación del puerto del Pireo en Atenas en el siglo de Pericles.

La hegemonía naval sobre el mediterráneo permitió a los helenos comenzar a importar papiros, metales, maderas, especias y grano mientras exportaban vino, aceite de oliva y las mejores cerámicas que había por entonces en Occidente. Estas operaciones comerciales se financiaban de forma privada, y emergió por primera vez en la historia la figura del capitalista; el inversor particular que prestaba una suma de dinero a los mercaderes que deseaban explotar una ruta comercial a cambio de unos intereses a menudo tan altos como el 12%, e incluso en ocasiones alcanzando un 100%. Desde el siglo VIII a. C. hasta el IV a. C. se ha determinado a través del número de naufragios y el volumen de los navíos que el comercio se multiplicó por 30.

El nacimiento del méthodos

Aunque la erística sofística era una herramienta, estaba más cerca de constituir un arma arrojadiza empleada en debates públicos y juicios que del método que surgió con el Elenchós (del griego ἔλεγχος, refutación).

El Méthodos, de meta (hacia) y hodós (camino), se puede interpretar como el camino a seguir. Pasos delimitados y orientados a la consecución de un objetivo concreto, aprender, comprender. Sócrates inaugura así el campo de la investigación con una serie de procesos que seguidos al pie de la letra – o palabra, pues de su puño y letra nunca quedó nada escrito – aseguraban una prospección fructífera y una mejora del interlocutor.

Ironía

El rol del maestro quedaba invertido. Incluso aunque a Sócrates se le conociera como la persona más sabia del momento él comenzaba siempre sus conversaciones en el Ágora de Atenas de la misma forma, abordando y encumbrando a aquel que se pretendía sabio. Acto seguido lo importunaba con preguntas que lo forzaran a matizar, complementar y desarrollar su definición inicial. De forma temprana empezaban a surgir incongruencias y contradicciones entre las afirmaciones que iba haciendo, hasta que finalmente se llegaba a un atolladero, la aporía (del griego ἀπορία, dificultad para el paso).

Aristóteles dijo que una de las contribuciones más importantes que Sócrates hizo a la lógica fue la definición, dado que sus preguntas iban siempre encaminadas a evitar que la otra persona se extendiera de forma innecesaria en la respuesta.

De hecho, una crítica común a Sócrates es la imposición de la denominada prioridad de definición. Sócrates afirmaba que solo era posible tener certeza de que se conoce algo cuando se puede definir de forma universal. Quién fuera capaz de definir un concepto de forma universal se habría elevado por encima de los hombres, pues su conocimiento sería aplicable a cualquier persona y situación.

Aporía y mayéutica

Cuando el interlocutor se daba de bruces contra sus propias inconsistencias – y se percataba de que no sabía lo que creía saber – el segundo elemento del método socrático entraba en acción. Sócrates tendía su mano y, lejos de que la conversación quedara en un gesto de provocación, se comenzaba a desarrollar a partir de este punto.

La mayéutica (del griego μαιευτικóς, maieutikós, “perito en partos”) es la solución que Sócrates aplica de aquí en adelante. Como una partera que ayuda a dar a luz al recién nacido, él se dedica a asistir este mismo acontecimiento para la persona y la idea. Se aleja de la actitud provocadora mantenida para llegar a la aporía y comienza un razonamiento en base a juicios de carácter inductivo, examinando casos particulares y buscando principios generales, si bien es cierto que se apoya en principios generales en algunas ocasiones. Por este motivo al razonamiento socrático no se le considera ni inductivo, ni deductivo, si no abductivo. Se acerca a lo que hoy conocemos como conjetura, que emplean los médicos para sus diagnósticos y los detectives para sus investigaciones.

Y, ¿por qué Sócrates empleaba este método?

La pregunta resulta ineludible cuando tratamos de dar una explicación a por qué un ciudadano libre de Atenas dedicaba todo su tiempo y energía a conversar de forma diaria con los transeúntes del ágora de forma desinteresada.

Antes citábamos la prioridad de definición y cómo elevaba a toda persona que fuera capaz de hallar la esencia de las cosas, de los fenómenos. En un giro objetivista que todavía tardaría más de 23 siglos en encarnarse en la filósofa judía Ayn Rand, Sócrates reconoce que toda persona obra según su propio interés. Al mismo tiempo, además, expone una aseveración tan capital como que nadie actúa mal a sabiendas.

En el Gorgias, un sofista llamado Polo le interpela con la aparente excepción que representa el tirano, que es capaz de tomar decisiones de la forma más déspota posible aún conociendo sus consecuencias a la perfección. Sin embargo Sócrates dirige una serie de preguntas encaminadas a que Polo se percate de que el tirano no está si no haciendo aquello que cree mejor para él. Este tirano no hace lo que quiere, si no lo que piensa que más le beneficia. Incluso cuando lleva acabo una acción poco acertada, no está haciendo realmente lo que quiere, pues su voluntad natural le dicta que haga aquello que mejor le repercuta.

Así, las personas toman siempre la mejor decisión posible para ellas mismas, y Sócrates llega a la tesis de que estas en realidad no quieren lo que creen querer. El problema por tanto no es que existan incentivos para obrar de forma inadecuada, si no que las personas no conocen lo suficiente como para darse cuenta de que lo mejor para sí mismas no es actuar de dicha forma. El hombre bien informado, en efecto, dispondría de un mapa vital en el que quedarían reflejadas sus experiencias futuras, y por tanto tomaría sus decisiones de forma acertada sin mayor esfuerzo, como la gota de agua que discurre por el camino que menor resistencia opone.

El vicio no sería si no un subproducto de la ignorancia, y por antagonismo directo, la virtud la manifestación directa del conocimiento. La vida cobra el valor de nuestras decisiones, y estas a su vez del examen que las acompaña. De aquí surge la famosa cita: “la vida sin examen no tiene sentido vivirla”.

Esta postura se denomina intelectualismo moral. Es la razón directa por la que Sócrates dedica su vida a ayudar a los demás. Cree fervientemente que en la medida en que ayude a otros a mejorarse a sí mismos – a conocer y comprender – estará contribuyendo a que tomen mejores decisiones, y dado que lo hacen en el seno de la sociedad ateniense, a mejorar la polis helena. Y esta es precisamente la razón de ser de una educación moderna basada en el flip teaching, formar a gente crítica, responsable y con valores éticos sólidos.

Qué podemos aprender

En la siguiente entrada viajaremos al siglo XVIII y documentaremos el surgimiento del sistema educativo actual, el contexto histórico bajo el que vio la luz y cómo ha ido evolucionando hasta nuestros días.

Takeaways

  • El siglo de Pericles es uno marcado por el surgimiento del individuo como ente social y por el conflicto eterno entre partes: Grecia vs Persia, Delos vs Peloponeso, Democracia vs Oligarquía, Sofistas vs Sócrates…
  • Sócrates se autopercibe como un servidor público – el tábano de Atenas – que cumple la función de mejorar a cada ateniense a través de su método con el objetivo de que obre de forma ética y conforme una mejor sociedad.
  • Otro sistema educativo es posible, y existen pruebas de su viabilidad desde hace más de 2000 años.